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¿En qué clase de sociedad estamos viviendo?

Jose Jauregui

Jose Jauregui

Venezolano, estudiante de Economía, creyente del liberalismo, las ideas de libertad y la Economía Austriaca. Soy responsable de mis acciones e ideas.
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Podemos definir Hegemonía como aquella donde un grupo se impone sobre otro, es decir que puede ordenar, dirigir y decidir por otros, aunque estos no quieran o no estén de acuerdo.


Tiempo estimado de lectura: 7 minutos

 

Pero ¿Qué tiene que ver la hegemonía con la democracia? Tal vez piense que nada tiene que ver, pero la verdad es que las democracias actuales están formando una hegemonía de unos ciudadanos contra otros, o en otras palabras, están creando una condición hegemónica entre la clase política y el resto de los ciudadanos. 

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Imaginémonos una sociedad hegemónica, la esclavista, por ejemplo. En esta sociedad el Esclavista o amo, tiene control sobre el esclavo, por lo cual, el amo decide y controla todos los aspectos de su vida, tanto así que si desea podría acabar con su vida.

Pero debemos entender que dentro de una sociedad esclavista también había sociedades más o menos hegemónicas. Por ejemplo, en la antigua Grecia, los esclavos tenían ciertas libertades, se les podía enseñar a leer y escribir y al final el amo podía darles su libertad y el esclavo podía formar parte de la sociedad. En otras, tal suerte no era la misma y sus condiciones podían llegar a ser incluso peor que cualquier ser viviente en aquella sociedad. 

Un esclavo podía sentir admiración por su amo, como también podía sentir odio, podría ver su situación dada las condiciones del momento como una condición favorable y aceptable, como también podría ser lo contrario. Pero también es menos cierto y muy poca vez suele decirse, que algunos esclavos podrían elegir ser o seguir siendo esclavos toda su vida. 

Esta razón se podía deber a varios factores. Uno podría ser que nunca conocieron otro tipo de vida, sus abuelos, padres y hermanos fueron esclavos por lo cual él sería esclavo, ese era su destino, por lo cual lo único que podía desear es correr con la suerte de tener un buen amo. Otra podría ser que viera en el esclavo o amo una manera de sobrevivir, podría ser que vivía en un país donde no había nada, donde estaría destinado a morir y tal vez la esclavitud podría ser una especie maldita de salvación o de unos años mas de vida y por último que simplemente el esclavo veía en su amo una especie de seguridad.





Una seguridad por enfrentarse al mundo real por sí solo, debido a su condición el esclavo podría carecer de creer en sus habilidades y conocimientos, tal vez la incertidumbre al futuro y su bajo nivel de autoestima a creer en sí mismo, le hacía ver que el amo era una opción segura.

Tendría alimento, vivienda y alguna clase de libertad al ocio o a generar algo para él, o podría tal vez tener un amo inhumano, pero podría aun así ser mejor opción que tener que enfrentarse al mundo solo y creer que moriría de hambre en poco tiempo, lo cual cualquier otra opción era mejor.

Por último, estaban los esclavos que deseaban ser libres, tuviesen el amo que tuviese querían tener el control de sus acciones y decisiones, querían vivir la vida de la mejor manera posible, bajo sus planes de vida, no bajo los planes de vida que otros decidieran o crearan para ellos. Estos últimos, eran perseguidos y odiados por todos, tanto por el amo bueno, el amo malo y por los mismos esclavos, que preferían mantener sus vidas bajo las cadenas de la esclavitud.

Los amos sabían que estos esclavos libertos podían ser un problema para su situaciones hegemónicas, que podrían despertar los mismos sentimientos hacia otros esclavos, y asi los amos perderían sus posiciones de poder sobre todo los esclavos, por otro lado, los esclavos temerosos y los que veían una situación de seguridad en la esclavitud, veían en los esclavos libertos un peligro para mantener su estado de seguridad brindada por sus amos y que estos podrían tomar represalias contra ellos, bajo la creencia que se revelarían, perdiendo así alguna clase de beneficio otorgado.  

Hoy en día, aunque no lo crean o sea difícil de imaginar, vivimos en la misma condición hegemónica, pero claro mucho más “agradable” y hasta, por qué no, con un toque de altruismo que nos hace creer que somos dueños de nuestras acciones y vidas, gracias a eso que llamamos “democracia”. Hoy nuestros amos son llamados clases políticas y los esclavos somos el resto de los ciudadanos. 

Como en la sociedad esclavista tenemos distintas clases de sociedades. Están aquellas que son un infierno sobre la tierra, que pueden ser los países gobernados por políticos de izquierda, totalitarios o dictadores, está la sociedad del amo bueno, la cual te trata bien y te da cierta clases de beneficios, como podría ser los Estados modernos o Estados del Bienestar, los cuales son gobernados por socialdemócratas, centro izquierda o en algunos casos centro derechas, capitalismo de amigos o conservadores.  

Por último, tenemos al igual que en la sociedad esclavista y los esclavos libertos, en la sociedad moderna “democrática” existen ciudadanos que quieren ser dueños de sus vidas, ser responsables de sus acciones y decisiones y cargar con el peso del futuro incierto de sus aciertos y desaciertos.

Son ciudadanos que quieren mantener una situación de igualdad con su amo o clase política, quieren ser iguales ante la ley, que nadie esté por encima de nadie, y que la clase política cumpla con su función que es proteger y defender al ciudadano tanto de ellos mismos como de invasores. 

No están dispuestos a entregar poder a sus amos más allá de lo que no les beneficiaría y que pudiese poner en riesgo su libertad, por eso al no estar dispuesto a aceptar las condiciones de dependencia o seguridad de sus amos, son igualmente perseguidos tanto por su clase hegemónica como de su misma clase, que no quiere perder la seguridad de su amo. 

La diferencia de una sociedad moderna con una esclavista podría ser la posibilidad de moverse de sociedad, de poder ir de una menos libre a una más libre o porque no a una completamente libre. Es cierto que, en una sociedad como aquella del amo maldito, es poco probable que se pueda salir o irse libremente, como podemos ver en sociedades como Cuba, Venezuela, Corea del norte, donde muchas veces nunca llegan a salir o pagan un alto costo que puede llegar a ser incluso la vida. 

Nos han hecho creer en las distintas sociedades que tal hegemonía no existe, que es gracias a la democracia que todos somos iguales y que la clase política solo cumple los mandatos de sus ciudadanos. Nos hacen creer que votar es un ejemplo de esto, que cuando elegimos a nuestros representantes, lo hacemos en base a sus capacidades y principios, que son los más adecuados para gobernar. 

Nos hacen creer que podemos crear leyes o decidir sobre ellas, pero muchas veces terminan las leyes siendo impuestas contra nuestra voluntad, perjudicándonos a todos. Dicen que somos libre de hacer lo que queramos y ser responsables de nuestra vida, pero nos dicen que podemos comer y que no, nos dicen en nombre del terrorismo o recientemente en nombre de la salud, pueden imponernos sanciones, nos pueden encerrar, nos pueden vigilar y espiar, todo en nombre de “El Estado te cuida”. ¿No acaso es una relación hegemónica nuestra actual democracia?

Pero nos podríamos hacernos la pregunta, ¿Aún así, no estoy forzado a trabajar para mi amo o la clase política? ¿Está seguro de eso? Los Estados y gobiernos han creado los llamados impuestos, aunque quieren hacerlo ver como algo romántico, solidario y buenista. Son los impuestos que paga a su amo por la seguridad y beneficios que le otorga a cambio de su libertad sea “salud, educación, carreteras, agua, luz, vivienda”, tal libertad que pudo pensar hasta el momento que tenía ya puede que sea tan real como lo creía.

En las sociedades modernas, ningún ciudadano puede realizar ninguna acción libremente sin antes tener la aprobación y el visto bueno de la clase política, cualquier plan que tenga o proyecto que desee emprender debe tener el permiso del gobierno, de otra forma no podrá realizar dichas acciones.

Pero que hay de los esclavos libertos, podríamos decir que hoy esa situación de persecución no existe. Creo que la pandemia y el siglo XXI han demostrado que al igual que los esclavos libertos, hoy los ciudadanos que no quieren vivir bajo la bota de la clase política o de aquellos ciudadanos que quieren mantener su situación de seguridad, son igualmente atacados y perseguidos, inclusive en las sociedades más libres. 

Basta ver, como usan el monopolio de la fuerza para perseguir a todo el que promueva las ideas de libertad, aquellos que discuten las ideas distintas a las que promueve la clase política. Como son perseguidos aquellos ciudadanos que no quieren pagar más impuestos de aquellos que pueden considerar suficientes o justos, para darnos cuenta de que la democracia por más bonita que la quieran hacer ver ha creado una condición hegemónica y de control sobre los ciudadanos por una clase que se cree dueña de poder de decidir sobre la vida de todos, bajo una justificación de que han sido elegidos popularmente mediante la democracia. Esto no busca más que justificar y hacer ver la excusa de su control de una manera más vendible a las personas. Pero si quitamos todos los adornos, y justificaciones nuestras condiciones no distan mucho de aquella sociedad esclavista o feudal.

Es cierto que cada ciudadano tiene derecho a vivir bajo la sociedad o amo que desee, pero es claro que debe respetar y dejar a aquellos ciudadanos que buscan la verdadera libertad individual, aquellos ciudadanos que buscan la igualdad y acabar con la nueva hegemonía democrática. Muchos hoy han entendido que las sociedades de izquierda, socialistas, totalitarias y fallidas no son un lugar agradable para vivir, por lo que buscan mejores sociedades con más libertades. El problema está en que por medio de la idea y quitarse la carga de sus acciones y responsabilidades están convirtiendo esas sociedades libres o más o menos libres en el mismo infierno, de las que huyeron.

Están entregando por seguridad un privilegio a la clase política para gobernar sus vidas, para decidir sobre ellos, perjudicando y atacando a los que quieren mantener sus libertades o verlas aumentar. Todo por un sentimiento de miedo, culpa, vergüenza.

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