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¿En qué tipo de sistema vivimos actualmente?

Jose Jauregui

Jose Jauregui

Venezolano, estudiante de Economía, creyente del liberalismo, las ideas de libertad y la Economía Austriaca. Soy responsable de mis acciones e ideas.
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Vamos a pasearnos por los distintos sistemas políticos que prevalecieron en el pasado no lejano y ver cómo están siendo mutados hoy día para controlar a la sociedad.


 

¿Prefieres audio? Aquí lo tienes en podcast


Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

 

Empecemos por el Fascismo

Podríamos pensar que el fascismo quedó en el pasado, pero la verdad es que los últimos años parecen mostrarnos lo contrario. Ese lema de Mussolini donde “todo dentro del Estado y nada fuera de él” parece estar más vigente en las mal llamadas democracias occidentales.

Hoy se ha usado el Estado para imponernos formas de obediencia y de devoción absoluta, todo bajo el pretexto de un virus. Hoy se busca usar el poder del Estado para segregar y dividir a la sociedad en clases nuevamente, esta vez no es bajo la raza Aria, sino bajo “vacunado o no vacunado”. El sentido común parece no existir hoy en día y tener criterio propio parece ser un crimen peor que asesinar una persona. Hoy se persigue a las personas por pensar, por ejercer tu libertad y vivir tu vida desde una posición que sea coherente con tus principios y valores.


 

Ahora las Monarquías

Las monarquías eran un sistema de gobierno basado en el poder divino del rey otorgado a través de la iglesia como representación de la divinidad del señor. Claramente era un sistema de clases marcados por la monarquía, la cual estaba conformada por reyes, príncipes, lores y señores feudales. Y la otra clase era la plebe, el pueblo, los ciudadanos.

Los reyes ejercían el poder absoluto sobre su reino y tomaban las decisiones de sus ciudadanos en base a que ellos eran los elegidos por el poder divino y por ende, sabían como gobernar a su pueblo, lo bueno y lo malo para ellos. Eran los más capaces para velar por los intereses de todos.

Pues mirando a fondo los Estados modernos, parece que hoy estamos viviendo bajo una nueva monarquía, la de los políticos, la cual está conformada por presidentes, gobernadores, senadores, alcaldes y cualquier otro burócrata que vive del Estado y para el Estado. La otra clase nuevamente es la plebe, el pueblo, los ciudadanos.

Ya no gobiernan bajo la divinidad del señor, ahora gobiernan bajo la divinidad del voto, de la elección pública. Al igual que los reyes, esta clase política -al ser elegida por el pueblo y para el pueblo- son considerados los mas aptos para hacer cumplir el bien común, buscar la igualdad y el bienestar de todos, bajo su fatal arrogancia de pretender tener el conocimiento sobre qué es bueno o malo para su gente.


 

Último: el Estado de Bienestar

Los Estados de Bienestar vienen -aparentemente- como el resultado de la mezcla de esos dos anteriores; por un lado, el fascismo y por el otro la monarquía. La libertad hoy no es más que una sensación, porque al final, ha quedado y ha sido entregada por los mismos ciudadanos al poder de la clase política, la cual la administra y distribuye como mejor le convenga.

“Todo dentro del Estado y nada fuera de él”, ese parece ser el lema que subconscientemente se nos quiere hacer repetir, pero bajo un lema algo más buenista que alega que “El Estado te cuida”, por lo cual revelarse o no querer que el Estado te cuide es un claro signo agresión contra el Estado de bienestar y un peligro para la permanencia del Estado.


 

La mutación que vivimos hoy día

Por eso hoy se ha buscado segregar y separar a la sociedad en categorías: los vacunados y los no vacunados; los que obedecen al Estado y los que son una amenaza para el Estado. Las armas más peligrosas hoy son el sentido común, el cuestionamiento y el deseo de vivir tu propia vida bajo tus principios y valores. Pero además de esas categorías también vemos dos grupos, las clases políticas y sus allegados y la plebe o los ciudadanos.

La clase política hoy es la clase “benevolente y desinteresada” que solo tiene un único fin: el bienestar común. Por medio de los Estados de Bienestar, esos sistemas que han dejado a un lado a las viejas democracias liberales para dar paso a un poder más centralizado, donde el político -por su poder divino del voto popular- es y debe ser el único con la capacidad para decidir sobre el futuro de sus ciudadanos.

Es por eso por lo que hay que rendirles fiel devoción y es pecado contradecirlos, dado que “ellos son esa clase que tiene el poder omnipresente para decidir sobre cada uno de nosotros”. Solo ellos pueden frenar el cambio climático, el hambre, la pobreza, las desigualdades. Gracias a su poder y al Estado de bienestar, pueden crear leyes, normas, mandatos e imposiciones para “salvar a la humanidad”. Sus acciones y decisiones nunca deben ser puestas en duda, de lo contrario pueden llevar a la destrucción de la humanidad si no se cumple lo que ordenan.

Para ellos, el sacrificio de minorías o individuos no es relevante, al parecer el bien común significa sacrificar a individuos a favor del colectivo, a favor de las mayorías, por eso, cuando ellos deciden cuáles serán las energías que se usarán, si podremos o no comer carne, comer sal, bañarnos con agua caliente dichas decisiones nunca deben ser puesta en duda, dado que ellos son Estado, la ciencia y el poder divino otorgado por el voto.

Claramente el Estado de Bienestar ha venido a abrir una puerta donde dos tipos de sistemas políticos se han unido y se han camuflado perfectamente bajo la democracia ilimitada, bajo la falsa creencia que hoy somos más libre que nunca, donde la verdad es que nunca habíamos estado tan controlados a un Estado como ahora, todo bajo el lema de “El Estado te cuida”.

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