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Cómo salirnos del sistema en Latinoamérica

Jose Miguel

Jose Miguel

Antes de conquistar el poder, debemos conquistar los medios, por eso fundé esta revista y no un movimiento estudiantil. Coméntame tu opinión en Twitter aquí @JP_7_
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No pretendamos obtener resultados diferentes, si todos los días hacemos lo mismo.


Tiempo estimado de lectura: 6 minutos

 

Latinoamérica es políticamente inestable y económicamente una tragedia, por eso, los latinoamericanos crecemos con la idea de que -tarde o temprano- tendremos que abandonar nuestros países, para ir a buscar oportunidades en “el imperio” o cualquier otro país que ofrezca más libertades y estabilidad que los de nuestra región.

Es una lástima, porque -por naturaleza- los seres humanos estamos conectados a la tierra en la que nacemos y socialmente creamos lazos que hacen más satisfactorio aún el querer crecer, formarse, vivir, producir y llegar a la edad adulta en la región de donde nos sentimos, con los amigos de toda la vida cerca y -especialmente- con la familia a la vuelta de la esquina.

Pero los latinoamericanos tenemos dos grandes problemas: el tipo de gobierno que predomina en nuestra región, cuyo sistema es el socialismo, y el segundo problema la inflación, que no es más que el resultado de políticas implementadas por nuestros gobiernos tercermundistas.

¿Podemos cambiar eso y salirnos del sistema, sin tener que salir corriendo del país? Estoy convencido de que sí, pero hay que dejar de hacer lo que siempre hemos hecho, cambiarnos el chip y trabajar para que los resultados sean diferentes.


 

Cómo cambiar la inestabilidad política

Los Latinoamericanos -generalizando- tenemos el mal hábito de enamorarnos de los políticos que ofrecen el cielo y entregan el infierno.

Nadie puede negar que las ideas de izquierda son románticas, emocionales, atractivas para el ser humano. ¿Quién no quiere cosas gratis? ¿Quién no quiere vivir creyendo que la vida no requiere que trabajemos duro todo el tiempo? ¿A quién no le parece que tiene sentido que los que más producen, paguen más impuestos como retribución a la sociedad por lo que se ganaron? Estas ideas suenan románticas, atractivas, pero hay una comunidad que no se las cree: los libertarios.

Pero no solo es que nos enamoramos de los políticos, es que nos decepcionamos de estos -como siempre- y volvemos a repetir el patrón, enamorándonos de otro que dice las mismas cosas, en tiempos diferentes. Los latinoamericanos tenemos patrones de comportamiento en la política, similares a los de un suicida.

Usamos de excusa al hecho de que “no tenemos tiempo para pensar profundamente la política” y preferimos al político que habla bonito, que al que quiere hacer las cosas bien. Preferimos al “bueno por conocido, que al malo por conocer” y eso nos hace profundamente tontos al momento de elegir los liderazgos en la región.

Pero si es verdad que queremos ser mejores, vivir mejor, ser más libres y más estables políticamente, los latinoamericanos tenemos que hacer nuestra parte: tenemos que aprender, internalizar, promover y defender las ideas de la libertad. Latinoamérica tiene que hacerse libertaria o seguirá haciéndose tercermundista si seguimos repitiendo el patrón.

La única forma de cambiar la inestabilidad política en nuestros países es combinando a una ciudadanía pro-libertad con una base de líderes emergentes también pro-libertad. No importa si no hablan bonito, pero que hagan lo correcto. No importa si no son carismáticos, sino que sean efectivos y eficientes. No importa si no son “los buenos por conocidos”, mejor que sean los irreverentes y libertarios por conocer. Lo importante son las ideas, el sistema.

No es al político al que hay que defender a capa y espada, son las ideas y al sistema. Tenemos que hacer el trabajo de profundizar en las propuestas, en las ideas que defienden y promueven y juzgarlos en base a eso. Si lo hacemos, en lugar de estar con el pensamiento cortoplacista de que cada 4 o 5 años “podemos ir a votar para cambiarlos” (una gran mentira), nuestro trabajo es preservar la integridad del sistema para que, aunque uno malo llegue, no pueda alterar las reglas del juego a su antojo y que el sistema proteja a los individuos y no a los funcionarios.

Ser libertarios es, salirnos del sistema.


 

No es al político al que hay que defender a capa y espada, son las ideas y al sistema.José Miguel

 

Cómo cambiar la tragedia económica

Esto está mucho más a nuestro alcance.

Los latinoamericanos vivimos inflaciones galopantes, porque nuestros gobiernos aplican políticas públicas tercermundistas para empobrecernos. Este patrón hace que tengamos la necesidad de deshacernos del dinero tan rápido como sea posible, porque mañana valdrá menos que hoy.

¿Qué tal si cambiamos ese chip? ¿Qué tal si empezamos a ver al dinero con más respeto? ¿Qué tal si al respetar al dinero, nos estamos respetando a nosotros mismos y nuestro tiempo?





Cambiar el chip es salirnos del sistema y para salirnos del sistema, tenemos que dejar de ver al dinero como “algo de lo que hay que deshacerse” y empezar a colocarlo en cosas que preserven y aumenten su valor en el tiempo.

La única forma de huir de la inflación no es “huyendo de nuestros países”. Incluso si queremos huir de nuestros países, ¿Qué es lo que hacemos? Huimos primero de las políticas monetarias de nuestros gobiernos, por ejemplo, comprando una moneda de otro país y ahorrando en ella.

La forma más rápida que conocemos los latinoamericanos para proteger el valor de nuestro dinero en el tiempo es comprando dólares o euros.

Pero hay otras alternativas y la tecnología está abriendo muchas más. Si en nuestro país latinoamericano aún hay cierta estabilidad y seguridad jurídica, colocar parte de nuestro dinero en propiedades es una excelente forma para proteger su valor. Podemos comprar acciones o bonos en la bolsa, que es el sistema financiero tradicional. Podemos comprar “coleccionables”, como piezas de arte y de propiedad intelectual que tengan valor en el mercado y que sean únicas. Podemos comprar mercancía para nuestro negocio con el propósito de venderla y sacar ganancia. ¿Pero qué hacer luego con la ganancia?

No subestimen el poder de la tecnología porque ha sido esta la que ha empujado a la humanidad a los niveles de progreso que hoy conocemos. Salirnos del sistema es arriesgar, y arriesgar en innovaciones y tecnologías paga muy bien.

Alternativas como Bitcoin, que es descentralizado, resistente a la censura, no conoce fronteras, mantiene nuestra privacidad y su código abierto nos muestra la transparencia del sistema, es algo que todos los latinoamericanos deberíamos estar mirando y en lo que podríamos colocar una parte de nuestro capital, si queremos salirnos del sistema y alejarnos tanto como sea posible de nuestros gobiernos.

Salirnos del sistema es hacer las cosas diferentes, no esperar que los resultados cambien, haciendo siempre lo mismo.

¡Cambiemos el chip!


 

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La única forma de huir de la inflación no es “huyendo de nuestros países”. Incluso si queremos huir de nuestros países, ¿Qué es lo que hacemos? Huimos primero de las políticas monetarias de nuestros. gobiernosJosé Miguel

 

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