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El odio en redes sociales, la farándula y la libertad de expresión

Nixon Piñango

Nixon Piñango

Periodista y escribidor. Artista de vez en cuando pero no perroflauta. Liberal de verdad.
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Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

 

El pasado de marzo de 2021, Venezuela se levantó con la lamentable noticia de la muerte del animador David Capella, mejor conocido como Dave, quien falleció a causa de complicaciones por el Covid-19. Rápidamente, la gente se pronunció al respecto en redes, colocando diferentes obituarios, pero la cosa se terminó por torcer por algo que había sucedido semanas antes y que también hacía referencia al padecimiento del artista.

Su falta de recursos económicos (porque en Venezuela ya no es como antes, cuando los artistas obtenían jugosos beneficios de la publicidad) lo llevó a crear una cuenta en GoFundMe para recibir aportes que le ayudaran a costear sus gastos médicos y los de sus padres, que también tenían Covid-19. Entonces, una cuenta de Instagram con el nombre de ChepaVzla aseguró que el animador de 38 años no estaba siendo del todo honesto, que en realidad no estaba en ninguna clínica privada sino en el hospital Domingo Luciani, donde estaba recibiendo tratamiento de forma gratuita. Decía también la cuenta que él estaba allí sin tener que estarlo porque, según, los médicos le habían dicho que podía seguir el tratamiento desde su casa.

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Los que hemos trabajado en el medio artístico venezolano sabemos que la famosa columna de chismes Chepa Candela, del diario 2001, ha sido llevada históricamente por el periodista de espectáculos William Guzmán. Fue así como en una historia de Instagram, el propio Dave Capella insultó a William Guzmán, lo llamó basura, asegurando que cualquiera podía ir a Clínicas Caracas y comprobar la realidad por sí mismo. Por su parte, William Guzmán aclaró que la información había salido de una cuenta fake que usaba el nombre de Chepa, pero que no era la cuenta real de Chepa Candela.

En este contexto, muchos personajes públicos se pronunciaron, entre ellos los comediantes venezolanos radicados en Miami, Jean Mary Curró y Alex Goncalves; hablaron al respecto en su podcast Nos reiremos de esto y calificaron a Dave Capela como estafador de manera tajante, justificándolo sólo en que «conocen al personaje». Alex fue un poco más discreto en su comentario, al contrario de Jean Mary, quien dijo textualmente: «sí es una estafa, bebeches. Y si me equivoco, ésa no es mi profesión (…) Todo en ti dice que eso es una estafa».

Si bien no fueron ellos los que iniciaron el rumor, su podcast tiene muchísimos seguidores y su opinión marcó un antes y un después en esta historia. Su poder mediático hizo que la gente asumiera que Dave Capella estaba estafando con su GoFundMe y así fue hasta que, de manera fortuita, salió la noticia del fallecimiento.





Era lógico que la gente repudiara a Jean Mary y Alex después de esto, pues fueron refutados de manera muy fatídica por los hechos. Pero, peor la ha pasado a ella al haber sido objeto de un torrente de hate en Twitter como respuesta a su desagradable comentario, una masiva ola de cancelaciones que probablemente vayan a destruir su credibilidad a futuro.

Ahora, una cosa que me parece curiosa es lo que la gente pedía en esos comentarios: censura. Recuerdo, de hecho, un tweet del actor José Manuel Suárez que decía: «¿Ves que sí es peligroso que cualquiera tenga voz y alcance?»

Y es justo esto lo que me lleva a escribir:

En primer lugar, la opinión de Jean Mary puede catalogarse como una calumnia: acusó a una persona de estafar (cometer un crimen) sin presentar pruebas, más que una simple corazonada en el uso negligente de su alcance mediático. La calumnia está tipificada como un delito en el Código Penal y tiene, inclusive, una pena de prisión. Pero en lo personal creo que el castigo más ejemplar para una calumnia debería ser una multa o una compensación económica fuerte a las víctimas en el momento en que se demuestre que la persona no cometió el crimen del que se le acusa; en este caso, serían los allegados y familiares de Dave Capella quienes recibirían dicha compensación.


 

¿Pero, es la calumnia una justificación para la censura?

Esto es un problema, porque la calumnia ocurre de forma inesperada, como cualquier otro crimen. No podemos andar por la vida censurando gente asumiendo que pueden calumniar en un futuro. Es peligroso, además, pedirle al Estado que censure lo que nos causa una incomodidad en determinado momento, porque al poder no le tiemblan las manos para hacerlo. De allí que hayamos visto a Tarek William Saab amenazando con abrir un procedimiento contra Jean Mary y Alex Goncalves mientras la gente casi que lo aplaudía.

Yo pensaba que los venezolanos se habían curtido con el cierre de RCTV y la venta de Globovisión a testaferros de Diosdado, pero veo que no, que en el fondo se tragan el discurso políticamente correcto que está detrás de la censura; les parece bien prohibir el hate, y a la gente que se expresa de forma libre. Está bien que la gente despotrique y descargue todo su odio contra dos personas que probablemente se merecían ser odiadas, pero nadie ha pensado en el peligro que supone aplaudir el procedimiento de Tarek o decir que su canal de YouTube debería ser borrado.

El Estado no debe tener el derecho a establecer límites a la libertad de expresión, ni debe cerrar canales, ni censurar a nadie. Choca esto que digo porque se piensa que permitiría los discursos de odio sin consecuencias. Pero todo lo contrario, lo que la irrestricta libertad de expresión implica es que todo individuo deba asumir lo que dice, incluyendo los resultados. Su poder comunicacional terminaría con el repudio espontáneo y en eso que ahora llaman cancelación.

El problema de la censura está en la subjetividad de los discursos de odio, si le damos al gobierno la potestad para censurar el hate o la incorrección política, cualquiera estaría en peligro de perder su voz o recibir castigos graves por el simple hecho de emitir una opinión incómoda, y es que para el Estado cualquier cosa puede ser un discurso de odio. Insisto, ¿acaso el venezolano no aprendió nada del cierre de RCTV…?


 

Por otra parte, hubo mucha hipocresía en el caso. Cuando la cuenta ChepaVzla publicó el chisme, muy poca gente le dio el beneficio de la duda a Dave Capella, tanto fue así que la propia plataforma de GoFundMe paralizó la petición de ayuda de forma preventiva. Debo confesar que yo mismo hablé con fuentes que aún me quedan en el medio artístico venezolano y la mayoría me expresó que no podían meter las manos en el fuego por Dave, lo que es una manera sutil de decir que sí pensaban que estaba estafando a la gente.

Además, se ve que Jean Mary y Alex hablaron en base a experiencias personales que tuvieron con él, probablemente malas. Ellos sintieron que podían darse el lujo de decir lo que dijeron porque «conocían al personaje», pero nunca se imaginaron que moriría. Quizás el error de ellos fue haberse lanzado de bruces y asumir que él iba a jugar con algo tan delicado como su salud personal y, más aún, la de sus familiares. Pero ya lo están pagando con el repudio y la cancelación de los guerreros del teclado, quienes no pueden asumir que ni una enfermedad ni la muerte mejoran a las personas o mitigan sus episodios oscuros.

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