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¿Qué es el Progresismo?

Arturo Solórzano

Arturo Solórzano

Economista y Especialista en emprendimiento. Desde Nicaragua.
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Una corriente ideológica que ha tomado fuerza en EEUU, Canadá, y países europeos principalmente, pero que tiene nefastas consecuencias mundiales.


Tiempo estimado de lectura: 3 minutos

 

El progresismo es un marco ideológico político que tiene como objetivo estigmatizar un conjunto de valores -ideas, normas morales, costumbres y comportamientos- calificados como «conservadores», que se derivan de la fe cristiana y han formado la base de la cultura occidental. La personificación de eso es la persona blanca, heterosexual, cristiana y nacionalista. Ese es el enemigo del progresismo.

De ahí que en la enseñanza borran de la Historia el origen de los valores morales, que están en la religión cristiana, pero también son la base del sistema legal en occidente. Eso es una verdad como una roca. No podrán hacerlo. De ahí que tomen represalias contra todo aquel que abiertamente expresa que practica los principios cristianos. La cultura de la cancelación en acción.

Crearon etiquetas como el «supremacismo» y el «privilegio» blanco, una teoría victimista. De ahí se deriva que también pretenden atribuir a las personas blancas una naturaleza malévola, lavando el cerebro a la generación actual, haciendo a los jóvenes blancos sentirse culpable de los actos reprochables de algunos de sus antecesores, y a los jóvenes negros de sentirse víctimas por tales hechos pasados. Los progresistas están enfocados en eso. Todas las cosas buenas que se hayan hecho por personas blancas ni se mencionan ni valen nada. La Teoría Crítica de la Raza no tiene ningún resultado positivo. Su resultado es promover el odio y la división de la sociedad, la principal estrategia marxista. De paso, algo que es contrario al Cristianismo, que predica el amor y la compasión.

El otro asunto que atacan es la heterosexualidad. No se enfocan en promover el respeto por las personas gay, lesbianas, o transgénero, sino que abiertamente promueven esas anomalías que padece un porcentaje muy pequeño de la población, exigiendo derechos reservados a la pareja hombre-mujer, como el casamiento y la adopción de menores. Eso solo conducirá a la reducción de la población. Tal vez es parte de la agenda oculta.

Por último, van contra todos aquellos que aman a su país, sus costumbres y modo de vida particular. De ahí que promuevan la inmigración masiva, la supeditación de la autoridad e interés nacional a la autoridad de organizaciones globales y a los intereses de entidades privadas globalizadas -Big Tech, Big Finance, Big Pharma, Big Media-. Pretenden cambiar el paradigma de la globalización tradicional, que implica el intercambio y la cooperación entre países, respetando su independencia y la diversidad cultural. En cambio, pretenden reducir los Estados-Nación a sujetos de un poder global, para imponer un globalismo igualitarista que uniformiza a la gente, cambia el lenguaje y la historia, despojando a las personas de su libertad individual, principalmente en lo que se refiere a la libertad de pensar y de expresarse. En esto, los progresistas son peones de los intereses de los globalistas que manejan el poder económico global.

Para conseguir sus propósitos, el progresismo no duda en aplicar los métodos de la izquierda y del populismo: la falsificación del lenguaje, de los hechos y de la realidad, apelar a la desgracia de los menos favorecidos, vilipendiar a los afortunados, los inteligentes y los esforzados, promover, la victimización, el odio, el igualitarismo y la dependencia del Estado. No duda en aplicar la censura y la represalia. Sus actuaciones son propias de los regímenes totalitarios.

Todo esto no puede más que conducir a una sociedad orwelliana, donde el viejo paradigma comunista se hace realidad mediante un capitalismo controlado por empresas globales y Estados de bienestar sujetos a sus intereses, donde las personas son reducidas a la condición de esclavos.

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