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El progresismo: La nueva bandera de la izquierda internacional

Pedro Urruchurtu

Pedro Urruchurtu

Creo en la Libertad. Coordino @VenteFormacion y asuntos int’l de @VenteVenezuela; también @IFLRYLatAm. Politólogo/Profesor UCV y @GCLalumni de @Georgetown
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¿Alguien podría oponerse a la palabra “progreso”? La izquierda sabe que no y, tal cual caramelo envenenado, pretende hablarnos de “progresismo” como su nueva bandera, cuando en realidad se trata de una nueva forma de esclavitud.


Tiempo estimado de lectura: 6 minutos

Ese término no es más que un reacomodo de la socialdemocracia para sacudirse, como lo quiere hacer toda la izquierda, su mala fama. Han reinventado sus banderas, pero no su esclavismo.

A la izquierda no le importa el progreso. Al contrario, saben que en su objetivo de saqueo y destrucción lo que menos les conviene es que las sociedades progresen; el progreso es precisamente todo lo distinto al socialismo y sus resultados. El progreso significa libertad en todo sentido, pues cada quien, esforzándose individualmente y siguiendo su proyecto vida, logra realizarse, dependiendo menos de otros y del poder estatal. En la medida que la gente es libre y autónoma, desafía al poder, lo cuestiona y lo hace irrelevante. Por eso la izquierda hace todo para que la gente involucione en su calidad de vida y en su propia existencia, ya que requieren someter a los ciudadanos anulándoles esa condición. Vean lo que es Venezuela hoy gracias al socialismo y lo comprobarán. Eso que llaman “progresismo” es involución.


A la izquierda no le importa el progreso. Al contrario, saben que en su objetivo de saqueo y destrucción lo que menos les conviene es que las sociedades progresen; el progreso es precisamente todo lo distinto al socialismo y sus resultados.Pedro Urruchurtu


Entonces, ¿por qué si la izquierda habla de progresismo si lo que menos quiere es progreso?

Porque precisamente esa es su especialidad: apropiarse de términos “de moda”, que atraen multitudes porque suenan bien, pero que en realidad son términos vaciados de su contenido y hasta de su dignidad, para convertirlos en meros pretextos para acabar con la libertad; eso sí, llamando conservadores a todos quienes los dejen al descubierto.

A la progresía no le importa la libertad individual, sino colectivizar a la sociedad, hacerla parte de grupos que anulan nuestra esencia como individuos, pero que también terminan favoreciendo agendas que promueven la intervención del Estado en las vidas y, peor aún, ser parte de un lobby tan perverso como chantajista. Se valen de la segregación y de la segmentación para elevar sus banderas que terminan cargadas de odio y resentimiento, agitando a la sociedad y procurando sacar lo peor de ésta. Para quienes creemos en la libertad, los derechos son individuales, nunca colectivos. El sentido de la vida, de la libertad y de la propiedad, o de la búsqueda de la felicidad, es individual.

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Es el respeto a la libertad individual lo que hace a las sociedades libres. Cada quien puede seguir su proyecto de vida sin que nadie le diga cómo vivir, y con la responsabilidad de lo que significa ser libre. Esa libertad termina donde comienza la del otro y ese proyecto de vida no debe desarrollarse a expensas del proyecto del otro o anulándolo. De ahí que el mercado y el libre comercio sean tan importantes en la dinámica de vida e intercambio de todos los seres humanos, ya que es a través de la cooperación social propia del mercado que los seres humanos interactúan y conviven.


A la progresía no le importa la libertad individual, sino colectivizar a la sociedad, hacerla parte de grupos que anulan nuestra esencia como individuos.Pedro Urruchurtu


¿Cuál es el modelo propio de nuestra cultura Occidental?

La libertad y el capitalismo son inherentes a Occidente y su idea como civilización y como conjunto de valores. Quienes comprenden a Occidente como un modo de vida entienden que sus instituciones son sólidas y eficientes gracias al imperio de la ley que es la única que nos puede hacer iguales al acabar con los privilegios. También entienden la importancia del libre mercado y del capitalismo como garantía de verdadero progreso.

Entienden la importancia del individuo y de su libertad, pero también de la familia. La idea de Occidente está conectada a la libertad, al esfuerzo, a la propiedad y al mérito. Todo eso hace que las sociedades sean prósperas; eso hace a los hombres libres. Eso es lo que odia la izquierda y lo que jamás pueden permitir.

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Por eso, la izquierda no descansa. Entiende perfectamente que permitir tanta libertad, es una amenaza permanente contra sus planes de dominación y de saqueo. Por eso exacerban la “igualdad”, la que nos hace miserables a todos, que arrasa con el mérito y con la competencia y que destruye la iniciativa privada. Pero también se organizan. Durante décadas han comprendido que requieren usar la democracia para llegar al poder y así destruir la democracia. Luego de mucho tiempo de haber fracasado en sus intentos de tomar el poder por vía armada, asumieron que la única forma era a través de las instituciones establecidas, de la propaganda y de la desinformación.


Por eso, la izquierda no descansa. Entiende perfectamente que permitir tanta libertad, es una amenaza permanente contra sus planes de dominación y de saqueo.Pedro Urruchurtu


Quien desconoce la historia está condenado a repetirla

El derrumbe del modelo soviético dejaba a esa izquierda huérfana entre 1989 y 1991, pero hambrienta de poder. En nuestra región, Fidel Castro no podía darse el lujo de derrumbar su proyecto. Desde la academia hasta la cultura, pasando por los partidos y las ONG’s, comenzó un plan tan perverso como medido que derivó en el Foro de Sao Paulo y en la identificación de un militar resentido y ambicioso que, con apoyo de muchos sectores y desafiando al statu quo, terminando engañando a un país y llegando al poder. Se trataba de Hugo Chávez. Lo demás es historia.

El Foro de Sao Paulo, en su estructura y funcionamiento es sigiloso. No obstante, a partir de Hugo Chávez, lograron consolidar hasta 14 gobiernos en simultáneo en América Latina para el año 2009, lo que les sirvió para financiarse y ganar músculo, mientras destruían sus naciones. A eso, se le suma un robusto aparato de propaganda, la infiltración de las universidades y de la academia, así como de las instituciones y de los servicios policiales, militares y de inteligencia, la agitación que propicia caos y desestabilización y la vinculación al crimen internacional organizado que delinque con narcotráfico y terrorismo.

Décadas de saqueo trajeron consecuencias para esos gobiernos, lo que para muchos se tradujo en reveses electorales, pero nunca en derrotas. Instancias como el Foro de Sao Paulo ya tenían el dinero, las relaciones y las redes para seguir trabajando a pesar de perder elecciones. Los gobiernos que les sucedieron y que tenían la enorme tarea de revertir su desastre, heredaron los problemas que la izquierda había provocado y que ahora, como oposición, potenciaban como culpa de los nuevos gobernantes. Así, no descansan ni un minuto: se preparan para gobernar y destruir, y para ser oposición y destruir.


Los líderes de la izquierda

En su haber cuentan con delincuentes disfrazados de gobernantes que ya hacían cuesta arriba que las otras generaciones de saqueadores pudieran engañar a la gente. Por eso buscaron toda esa experiencia acumulada para redefinirse, ahora como progresista, pero sin deslindarse de los sospechosos habituales que fungen como sus padres intelectuales. Así nace en 2019 el Grupo de Puebla, del cual hablaremos en otro artículo, pero que representa el planteamiento “progresista” contra la “derecha conservadora” y como forma de redefinir a la izquierda regional, con el México de AMLO y la Argentina de Fernández como líderes, pero con proyectos de retoma del poder en toda la región.

Coincidió esa fundación con la reunión del Foro de Sao Paulo en Caracas, en julio de 2019, y el retrato público de esa organización con el crimen internacional, con el narcotráfico y con el terrorismo islámico, y también con la ola de saqueos y protestas en América Latina que buscaban derrocar a las democracias liberales gobernando, infiltrando manifestaciones por demandas sociales y provocando caos que justificaran sus “revoluciones”. Demostraron de lo que son capaces.

Sin embargo, para muchos que creyeron que esto se contenía sólo en América Latina, el 2020 trajo consigo la sorpresa mayor: la progresía del mundo ahora se reúne en la Internacional Progresista.


La nueva bandera: El progresismo

Aunque el concepto no es nuevo, pues en 2018 ya se anunciaba su necesidad por sectores de la izquierda mundial, es el 11 de mayo de 2020 que fue fundada oficialmente, valiéndose de figuras políticas como Bernie Sanders, Yanis Varoufakis, Alicia Castro, Rafael Correa, Celso Amorim, Álvaro García-Linera, Fernando Haddad, Giorgio Jackson y de intelectuales de izquierda como Naomi Klein y Noam Chomsky, entre muchos otros nombres que se han organizado en un consejo y que tienen como paraguas a dos organizaciones que han fungido como promotoras: The Sanders Institute, de Estados Unidos, y DiEM25, de Europa. El primero se propone incidir en temas ambientales, económicos y de derechos humanos mientras que el segundo se propone que la izquierda tome todas las instituciones democráticas de Europa para el año 2025. Sí, la toma del poder.

Su organización, aunque informal, se divide en tres grandes áreas: la organización de activistas progresistas de todo el mundo y el apoyo a campañas, el diseño de un plan de toma de las instituciones alrededor de nuestras vidas y la articulación de un sistema de medios alternativos y ONG’s informativas, entre las que destacan Open Democracy de George Soros.

Nacen en 2020, valiéndose de la pandemia y de la incertidumbre. Su campaña de inicio, llamada “construyendo el poder de los inquilinos durante el #Covid_19”, se basa en desconocer los derechos de propiedad de dueños de hogares alquilados, invitando a todos los inquilinos a dejar de pagar las rentas y, en el peor de los casos, tomar las propiedades. Brindan apoyo logístico y organizan a los líderes que promueven las protestas en las propiedades.

La Internacional Progresista busca, según dicen, un mundo democrático, descolonizado, justo, igualitario, liberado, solidario, sostenible, ecológico, pacífico, post-capitalista, próspero y plural. Ni una sola mención a la palabra libertad; buscan “liberar” desde la igualdad. Sostienen que “al alimentarse del descontento, red de facciones de derecha se está extendiendo a través de fronteras, trabajando para erosionar derechos humanos, silenciar la disidencia y promover la intolerancia.” De ahí que busquen revertir eso, aunque su propósito es otro.

La Internacional Progresista es a la Internacional Socialista lo que el Grupo de Puebla es al Foro de Sao Paulo. Son la “reinvención” de la izquierda rancia que, luego de sus destructivos resultados y de saqueo habitual por parte de sus liderazgos tradicionales desgastados, ahora busca mostrar nuevos rostros que representan un “liderazgo alternativo” bajo la bandera del progresismo, pero que no son más que la nueva forma de saqueo, miseria y engaño. Hay que detenerlos.

De ahí que nunca pueda darse por sentado que la izquierda está derrotada. Las derrotas electorales son repliegues tácticos que permiten ganar tiempo y volver con todo y por todo. Frente a todo esto, la ingenuidad no puede seguir siendo la marca de quienes creemos en la libertad. Urge la organización y el arrebato del poder a partir de una propuesta que contrarreste a la izquierda en todas sus facetas. De eso, también hablaremos en otro artículo.


La Internacional Progresista es a la Internacional Socialista lo que el Grupo de Puebla es al Foro de Sao Paulo. Son la “reinvención” de la izquierda rancia que, luego de sus destructivos resultados y de saqueo habitual por parte de sus liderazgos tradicionales desgastados, ahora busca mostrar nuevos rostros que representan un “liderazgo alternativo” bajo la bandera del progresismo.Pedro Urruchurtu


 

Por: Pedro Urruchurtu

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