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Dejemos el mundo mejor que como lo encontramos

Jose Miguel

Jose Miguel

Antes de conquistar el poder, debemos conquistar los medios, por eso fundé esta revista y no un movimiento estudiantil. Coméntame tu opinión en Twitter aquí @JP_7_
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La vida es más que resolver «lo de hoy» y mucho más que creer que nuestro destino «ya está escrito». Basta de cortoplacismo y basta de dejarle todo «a las manos del destino».


 

¿Prefieres escuchar en lugar de leer? Esta publicación está aquí en formato de podcast


Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

 

Una de las conversaciones más comunes que tenemos los latinoamericanos es «por qué en Latinoamérica no hay países desarrollados» y las respuestas más repetidas son: «porque nuestro clima no requiere que planifiquemos y porque Colón llegó a América con una embarcación llena de prostitutas y criminales».

Yo tengo 36 años y en una conversación con un amigo de 77 años mientras viajábamos por carretera por trabajo, hablábamos sobre las diferencias en las culturas, de cómo los judíos en EE.UU. tienen peso en el sistema financiero, los chinos montan restaurantes, los hindúes son dueños de las tiendas de estaciones de servicio y el estadounidense trabaja duro, monta negocios, es individualista sin dejar de influir positivamente en su entorno.

Le comenté que a mi me encantaría sacarle una copia al chip individualista y perseverante del estadounidense para insertarlo en la mente de los latinoamericanos, especialmente de esos que dejamos nuestros países huyendo del socialismo, para venir a EE.UU., porque -es cierto- que muchos aún se vienen con el chip tercermundista.

Mi amigo de 77 años me dice: «Parte de esa gran diferencia marcada, José Miguel, viene de la religión. Yo soy un fiel católico, por bautizo, tradición y porque es lo que practico, pero a diferencia del Protestantismo que predomina en EE.UU., el Catolicismo sembró en la mente de las personas la idea de que «nuestro destino no depende de nosotros, sino de los que Dios decida». En cambio, el Protestante cree todo lo contrario, que su destino es su responsabilidad y que Dios es simplemente el compañero de toda la vida y su norte, pero no le atribuyen, ni dejan en Dios las decisiones que ellos toman. Los Protestantes quieren ganarse el mundo y trabajan para ello».

Esto resonó mucho en mí, para ser sinceros, porque uno puede ver esas diferencias en la cultura con tan solo tener una conversación entre estadounidenses y latinoamericanos. Y resuena en mi este tema, porque yo estoy convencido de que la única forma de cambiar el sistema es: a través de las nuevas generaciones y pensando en el largo plazo. Pero para hacerlo, tenemos que asumir la responsabilidad de nuestro destino.

Escribí en Twitter esto:

¿Estás de acuerdo en que pensamos más en el corto que en el largo plazo? Yo estoy seguro de eso y hay que cambiarlo.

Nuestras acciones hoy, determinan el cómo será nuestra vida y el mundo mañana. ¿Cómo queremos dejarlo? Lo moral, lo correcto y lo más inteligentes es: mejor que como lo encontramos.

Yo no soy Protestante, tengo una religión por bautizo, pero que no practico, y no puedo negar que la idea de cómo ver la vida que me parece más objetiva, inteligente y oportuna es la de «somos dueños de nuestro destino, nosotros lo decidimos y no esperamos que las cosas pasen, hacemos que pasen».

Comparto totalmente esta cita sobre la ética Protestante.

Hagamos hoy, mañana y todo los días, todo lo que esté a nuestro alcance para que lo que dejemos a las nuevas generaciones sea mejor que lo que recibimos nosotros. Trabajemos duro para conseguir lo que queremos, para ganarnos la vida de la forma que más nos produzca placer y que produzca más y más riqueza.

Seamos creadores de riqueza, no derrochadores de esta. La riqueza hay que producirla, no distribuirla, mucho menos si es la riqueza de otros. Pasemos a la nuevas generaciones valores como el trabajo duro, la búsqueda de la felicidad, el respeto y amor a la vida, la libertad y la propiedad; asegurémonos de que ellos -las nuevas generaciones- sean mejores que nosotros.

Cuando miro hacia adelante y creo que «el mundo será peor», digo: será culpa de nosotros si eso pasa. Pero eso se puede cambiar comenzando ahora, porque lo que dejemos en esta vida será lo que recibirán nuestros hijos, nietos y todas las generaciones de nuestras familias que están por venir; nuestro legado.

Dejemos el mundo mejor que como lo encontramos.

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