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Mundo anarcocapitalista sin guerras

¿Puede un mundo Anarcocapitalista, ponerle freno a las guerras?

Jose Jauregui

Jose Jauregui

Venezolano, estudiante de Economía, creyente del liberalismo, las ideas de libertad y la Economía Austriaca. Soy responsable de mis acciones e ideas.
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Las guerras hacen cuestionarnos el poder ilimitado que tienen los gobiernos por medio del Estado y el monopolio de la fuerza, para satisfacer sus deseos y caprichos bélicos a costa de los derechos individuales como son: la vida, la propiedad y la libertad de los individuos de un territorio.


 

¿Prefieres audio? Aquí el podcast:


Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

 

La situación actual es una buena oportunidad para replantearnos un mundo anarcocapitalista donde no existan los Estados y -por ende- lo que tengamos probablemente sean micro-naciones, basadas en contratos voluntarios y las relaciones libres e individuales. En una nación basada en el anarcocapitalismo, hacer la guerra sería no solo muy costoso, sino tal vez imposible.

En los Estados modernos, una minoría que se encuentra en el gobierno o que se beneficia de dicho gobierno, tiene la capacidad de hacer la guerra cuando le plazca sin ningún tipo de dificultad. Los deseos bélicos o expansionistas de los gobernantes pueden llevarse a cabo sin ningún contratiempo. El problema nace en el monopolio de la violencia y de las leyes que están contenidas en los Estados actuales.

Los gobernantes pueden usar ese poder para coaccionar e imponerle a la sociedad sus formas de actuar o de pensar. Los gobiernos no respetan derechos fundamentales, ni individuales como la propiedad. Los gobernantes pueden vulnerar el derecho de propiedad sobre el cuerpo de sus ciudadanos al querer obligarlos a quedarse a luchar la guerra, cuando se impone el servicio militar obligatorio, además, pueden usar su poder e influencia para justificar una guerra por la razón que sea; esta puede ser “por la soberanía”, “por defender los valores” o incluso pueden manipular la información para hacer creer que grupos terroristas o extremistas quieren acabar con el gobierno.

Al final, este tipo de acción no son más que para proteger su status quo y del sector privilegiado que lo rodea. Bajo la guerra, un gobierno puede expropiar propiedades, cuentas bancarias, ahorros e incluso puede declarar a todo el que se oponga como enemigo de la sociedad, condenándolo a muerte o la cárcel.

Otro punto fundamental en las guerras modernas es el uso de material bélico de destrucción masiva, con lo cual, su justificación de una guerra termina no solo afectando al gobierno contrario, sino también a personas inocentes, ya sea vulnerando su vida, propiedad y libertad.

En una sociedad sin Estado o anarcocapitalista, no solo existiría la posibilidad de dividir un Estado en ciento de naciones dentro del mismo territorio, sino que no tendría la discrecionalidad ningún gobierno para justificar una guerra por el motivo que sea.

El principio de no agresión, el cual regiría en una sociedad sin Estado, argumenta que toda persona tiene el derecho individual de defenderse contra todo aquel que trate de obligar, coaccionar o violentar la propiedad y libertad de terceros. Con esto entenderíamos que cualquier persona que deseara invadir otra nación o la casa de su vecino, recibiría en la misma proporción la fuerza utilizada contra esa persona.

Por otro lado, hacer la guerra tendrá que ser entre dos individuos, ejemplo el vecino A y el vecino B, o un grupo de la nación A contra la nación B. La dificultad bajo un Estado anarcocapitalista, por un lado, es que los individuos no podrían hacer uso de armas de destrucción masiva, tanto por su costo, como también la nación contraria podría aplicar el mismo principio o bajo la protección de los derechos individuales, solicitar a países vecino su total y justa ayuda. Otro punto importante es la capacidad financiera. Los Estados modernos pueden usar los impuestos para financiar guerras, pero también puede crear dinero de la nada, expropiar dinero o pedir deuda, lo cual, termina afectando la propiedad de la sociedad que no está dispuesta a ir a la guerra o está en contra de ella.

Los individuos interesados en hacer la guerra tendrían que comprar ejércitos, armas, equipo, máquinas, suministros y una serie de bienes y servicios que hoy son usados por los ejércitos modernos por medio del uso de los impuestos quitados a la sociedad de forma violenta e inmoral.

El anarcocapitalismo parece hoy, más una utopía, que una realidad, pero alguna vez la democracia y los Estados liberales fueron una utopía también. La filosofía libertaria y la ética que ella contiene basada en el respecto irrestricto del individuo y sus fines, es lo que permite hacer una sociedad más pacifica y cooperadora.

Tal vez pronto comencemos a ver pequeñas micronaciones o tal vez terminemos negándonos la posibilidad de su existencia, convirtiéndonos esclavos de los nuevos Estados absolutos que hemos estado viendo aparecer en las últimas décadas, sin hacer nada para detenerlos o limitar sus funciones.

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