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Por qué a los grandes empresarios les gustan los gobiernos socialistas

Por qué hay grandes «empresarios» que prefieren gobiernos socialistas

Jose Miguel

Jose Miguel

Antes de conquistar el poder, debemos conquistar los medios, por eso fundé esta revista y no un movimiento estudiantil. Sígueme en GAB @JoseMiguel7
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Al hablar de los monopolios, las personas piensan en las grandes empresas, pero muy pocos se lo atribuyen a quien los hace posible: el Estado.


Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

 

Cuando se empieza un negocio propio, el propósito -si bien es muy personal- noble y común entre todos los que se aventuran a emprender es, el hacer dinero haciendo algo que te gusta y en lo que crees, que el negocio crezca, que la gente prefiera tu negocio por encima de la competencia; sentir la satisfacción de que lo que tú haces y ofreces es más creativo y atractivo que lo que hacen otros. ¿No es verdad? Bueno, para un grupito de «empresarios», la cosa funciona diferente.

Debe ser muy sabroso el lograr establecer una empresa y tener todo seguro, ser el único en tu sector, que la competencia no pueda crecer, que los clientes no tengan a dónde más ir, que puedas poner el precio de tu antojo porque no hay con quién compararlo, que el Estado invente regulaciones a tu industria que solo tú puedes cumplir y con las que estás de acuerdo, pero que sean imposibles para los pequeños y los nuevos. Este es el sueño húmedo de esos corporativistas que registran empresas para tener poder absoluto y no para competir.

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Y hay solo dos instituciones que lo tienen todo seguro: el Estado y los monopolios.


 

Primero lo primero

Mucho se dice que «ningún país es totalmente socialista, ni totalmente capitalista». Quienes repiten esto como una especie de dicho popular, parecen no darse cuenta que en la realidad las cosas funcionan diferente que en los libros y que la apuesta de cualquier idea, ideología o sistema no es que «sea la única», sino que sea la que prevalezca.

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A ver, para evitar malentendidos. Si un país practica fervientemente el libre mercado, la gente monta sus negocios libremente y las regulaciones son casi nulas, ese país -podríamos decir- es capitalista, aunque exista un sistema de salud y educación «gratuitos», por ejemplo. Por otro lado, si un país apuesta por control estatal, tiene regulaciones de más y montar negocios es una odisea, ese país es socialista aunque existan grandes corporaciones que lo controlan todo. ¿Se entiende?


 

La apuesta de cualquier idea, ideología o sistema no es que «sea la única», sino que sea la que prevalezca.José Miguel

 

Los países socialistas

El propósito de un gobierno socialista es controlar tanto como pueda. Los socialistas creen firmemente en que el Estado debe ser el dueño de las empresas que producen los productos y servicios que se ofrecen en un país, especialmente si estos son de primera necesidad. Si esto no es posible desde el punto de vista institucional o es inviable política y económicamente, pues entonces se distribuyen estas empresas e industrias entre sus amigos, lo que en Venezuela se les conoce como «enchufados», y es lo que está pasando hoy día.

Los socialistas no creen en la libre empresa, de hecho, ven a los pequeños y medianos negocios como una amenaza para sus objetivos de control totalitario. Es por eso que -desde el momento que toman el poder- los socialistas comienzan a aniquilar con leyes y regulaciones a los negocios familiares, a los pequeños y medianos emprendimientos. El propósito es reducir ese número de negocios a uno tan pequeño, que les sea fácil de indentificar y estén dispuestos a «gobernar» con estos.

En un país con gobierno socialista, la idea del negocio familiar o del emprendimiento pequeño entre amigos está destinado al fracaso, a menos que seas familiar o amigo de alguien en el gobierno. Y la razón de esto es simple: es más facil gobernar a un grupito de «empresarios» poderosos y a una sociedad muerta de hambre, que a una sociedad libre y productiva donde millones pueden convertirse en verdaderos empresarios muy poderosos.

El dinero es poder, eso es un hecho.


 

En un país con gobierno socialista, la idea del negocio familiar o del emprendimiento pequeño entre amigos está destinado al fracaso, a menos que seas familiar o amigo de alguien en el gobierno.José Miguel

 

¿Competir por ser el mejor o hacer lobby para ser el poderoso?

Unos quieren negocios para competir, para correr riesgos y asumir los retos, para probarse que son capaces de hacer cosas increíbles que otros valoran y que están dispuestos a pagar por ello. Pero hay un grupo de personas que quieren negocios para ser «los poderoso», y el camino seguro para eso es: el lobby político.

Uno de los primeros artículos de esta revista lleva por título «Claves para ser un empresario exitoso e independiente» y habla de cinco virtudes propias de un empresario de verdad: Ser de valores radicales, no valerse de favores gubernamentales, ser competitivo, apostar a los acuerdos libres y voluntarios y promover el libre mercado. Como todo, mientras más de estas virtudes tenga una persona, más se acerca a la idea del empresario ideal.

Pero no, eso no es lo que quieren los que registran empresas para ser el poderoso. Lo que estos corporativistas criminales buscan es que -bajo la protección y favores del Estado- se les asegure la permanencia de sus empresas en las industrias que quieren controlar, sin tener que competir, sin tener que ofrecer mejores productos a mejores precios. Los corporativistas quieren un monopolio y el único que se los puede asegurar es: el Estado.

Es para eso que hacen lobby político.


 

Los corporativistas quieren un monopolio y el único que se los puede asegurar es: el Estado. Es para eso que hacen lobby político.José Miguel

 

El sistema donde los grandes se hacen más grandes

Hay grandes ideas que han surgido de la creatividad, la rebeldía y el deseo de desafiar lo establecido, hasta que estas se convierten en «lo establecido». Ese es el caso hoy día de las Grandes Tecnológicas en Estados Unidos.

Empresas como Apple, Facebook, Google, Twitter y Amazon comenzaron siendo ideas que todos admiramos y atribuimos el que fuesen gracias posible al sistema estadounidense, donde la libre empresa prevalece -la mayor parte del tiempo. Recuerden que, para que un país se considerado socialista o capitalista, no debe ser «100% lo uno o lo otro» -como lo dice en los libros- sino que, aquello que prevalezca, es lo que le da ese título.

Estas empresas crecieron para volverse las poderosas, tanto así que los gobiernos emiten regulaciones puntuales para los sectores e industrias que estas grandes empresas crearon. Estados Unidos, como sociedad, podríamos decir que es un país de principios capitalistas, pero institucionalmente es mercantilista, es corporativista.

¿Y qué le permite este sistema corporativista a un grupo pequeño de grandes empresas? Gobernar con ellos a través de ese sueño húmedo del «empresario» que quiere ser el poderoso: El monopolio. Y el acuerdo es simple: yo controlo el poder político, ustedes el poder económico y nos partimos la torta. ¿Lo ven aún o no?

Es el sistema perfecto para los tiranos políticos y económicos, en el que los grandes se hacen más grandes -el Estado y los Monopolios- y los pequeños desaparecen o son estrangulados hasta que ya no puedan respirar.


 

Es el sistema perfecto para los tiranos políticos y económicos, en el que los grandes se hacen más grandes -el Estado y los Monopolios- y los pequeños desaparecen o son estrangulados hasta que ya no puedan respirar.José Miguel

 

Entonces… ¿Por qué los grandes «empresarios» prefieren gobiernos socialistas?

Sencillo:

Para poder gobernar con el gobierno. Para ser los grandes «por siempre». Para ser lo únicos. Para ser los poderosos. Para ser esos a los que el Estado protege con regulaciones que solo ellos pueden cumplir y están de acuerdo. Para comprar presidentes. Para gobernar con estos «presidentes». Para aniquilar a la competencia sin disparar una sola bala. Para desaparecer a la competencia. Para ser los amos y señores del «mercado».

Pero sobre todo, para silenciar, bloquear, borrar y eliminar de la faz de la tierra a los disidentes, a quienes se atrevan a pensar diferente y desafiar eso que ellos una vez dijeron desafiar, pero que ahora son: lo establecido.

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