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Lenguaje inclusivo: una tontería progre sin gran potencial

Nixon Piñango

Nixon Piñango

Periodista y escribidor. Artista de vez en cuando pero no perroflauta. Liberal de verdad.
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Tiempo estimado de lectura: 3 minutos

 

El lenguaje evoluciona para incluir todo lo que existe, ya sea en forma de términos o construcciones verbales, en un proceso de transformación continuo que se basa en la creación de nuevo conocimiento, descubrimiento de nuevas cosas en todos los ámbitos de la vida y cambios en las formas de ser y pensar de los seres humanos y sus civilizaciones.

En el español existe, por poner un ejemplo, el masculino inclusivo; o sea, se utiliza el masculino en una audiencia numerosa para incluirlos a todos, como justo acabo de hacer en la frase anterior: usar «todos» como resumen de la alocución «todos los seres humanos» o «todos los individuos». Ese término no sólo toma en cuenta a hombres y mujeres, también lo hace con las personas trans y no-binarias.

Pasa exactamente lo mismo con algunas alocuciones generalizadoras construidas en femenino, como «las personas» o «la gente que ha asistido» (sí, aunque te termine en e, la palabra gente es de género femenino, por eso se utiliza el articulo determinado la para referirse a ella); éstas también incluyen a las personas trans y no-binarias. En ese sentido, no hace falta crear una nueva categoría de adjetivos indefinidos como «todes» o sustantivos como «persones», mucho menos imponer esos términos a través de mandatos coactivos tal y como quieren hacer los comunistas.

Aunque suene paradójico, el mal llamado lenguaje inclusivo excluye más de lo que incluye, y es que ¿para qué llamar de «persone» a un intersexual, acaso no es ya una persona? ¿No estaríamos literalmente echando a un intersexual de nuestra clasificación taxonómica al llamarlo «humane»?

A ver… Yo podría aceptar la creación de un pronombre para las personas no-binarias (elle, digamos como ejemplo) y, por tanto, aceptaría también la creación de terminaciones en e para los adjetivos calificativos que estén marcados por el género de dicho pronombre (gorde, flaque, alte, baje, etcétera). Sin embargo, lo correcto sería apelar sólo al uso, es decir, que sea el uso el que imponga esto en el habla cotidiana —cosa que ocurriría con el paso del tiempo— y no la fuerza. Crear una ley para obligar a la gente a hablar en inclusivo es inmoral, y genera reacción y resentimientos contra quienes supuestamente se está intentando salvar con ello de la discriminación.

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Además, hay que —como dije al principio— evaluar el tema desde el punto de vista práctico: los términos finalizados en e no prosperarían a corto plazo porque es muy difícil que alguien los utilice de forma continuada en conversaciones reales. Las personas no-binarias son muy pocas y se desenvuelven en círculos cerrados, casi guetos, y aunque nos enseñasen desde pequeños a decirles elle, belle o amigue, no conoceríamos a las suficientes en todas nuestras vidas para que el uso de dichos términos sea fluido y natural; nos equivocaríamos a cada rato, atentaríamos demasiado contra la economía lingüística.

Evidenciarlo en la práctica es muy sencillo, de hecho, sólo hace falta escuchar a cualquier feminista izquierdoso y contar la cantidad de disparates que salen de su boca cuando pretende hablar en inclusivo, como pasó con el famoso les pibis, que se hizo viral hace un par de semanas, o las célebres veganes de YouTube que utilizan la palabra galline para referirse a la hembra del pollo (porque por lo visto los pollos también pueden ser intersexuales y queer gender).

Eso sin mencionar que las personas trans y de género fluido no necesitan un lenguaje inclusivo más que el que ha existido siempre, porque se les conocerá como él, ella, ellos o ellas en función de sus realidades particulares. Si un hombre se transforma en mujer no será para que lo llamen elle, sino ella, me imagino. Lo mismo en el caso contrario de que una mujer se transforme en hombre y el de una persona fluida que cambie su género en diferentes momentos de su vida.

Esto deja al lenguaje inclusivo como otra tontería progre más que no tiene el potencial de alimentar una conspiración seria contra la naturaleza humana. Lo siento por los conservadores que piensan que sí, pero esos que dicen les pibis o les gallines ni siquiera son tomados en serio por la gente de su mismo lado, sólo reciben burlas. Incluso si el zurdaje lograra hacer que el Estado avanzase en ese tema y nos obligase a hablarnos de todes, el lenguaje no es algo que se modifique así de fácil; la gente simplemente va a violar esas ordenanzas como viola todos los sinsentidos en la ley, así como cruza la calle cuando no hay carros circulando aunque la luz del semáforo le marque que no debe hacerlo.

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