Skip to content

La importancia de la creencia en Dios

Jose Miguel

Jose Miguel

Antes de conquistar el poder, debemos conquistar los medios, por eso fundé esta revista y no un movimiento estudiantil. Coméntame tu opinión en Twitter aquí @JP_7_
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on google
Google+

No es «el avión cayéndose»


 

¿Prefieres escuchar esta publicación? Aquí la tienes en formato de podcast:


Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

 

Estoy seguro que todos hemos cuestionado la existencia de un ser supremo, solo que algunos lo hemos hecho por más tiempo que otros. Es normal, incluso hasta el más creyente o la persona con más fe en la tierra puede admitir que todos tenemos dudas, la diferencia es cómo actuamos ante ellas.

Ante la duda, quienes tienen una fe muy profunda en Dios tratan de aferrarse mucho más a ella, buscando todo tipo de pistas, señales y motivos para creer en él. Mientras tanto, otros mantienen esa duda viva porque el cuestionar todo los ayuda a aprender cada día más.

Yo me etiqueté como «ateo» por 17 años. Siempre supe que la palabra «ateo» no era la correcta para definir mi decisión de cuestionar la existencia de Dios, pero era una forma fácil de decir que «no creía». En el camino me hice «objetivista» (la filosofía de Ayn Rand) y más «ateo» me convertí, hasta que decidí no seguir usando más esa palabra y reincorporé «Dios» a mi vocabulario.

En Twitter escribí:

No han sido los creyentes, ni las personas con supuesta «gran fe» los que me han convencido de cuestionar mi «no creencia»; si fuese por ellos, yo debería ser más ateo aún, porque en las religiones hay muchos fanáticos y son peores y más peligrosos de lo que uno se imagina.

Como «Randiano» (que practico la filosofía de Ayn Rand) aprendí que «los sentimientos son inferiores a la razón». El objetivismo comete el grabe error de llamarse a sí mismo «la filosofía ideal para la naturaleza del ser humano», mientras niega a esta naturaleza al querer menospreciar los sentimientos, los cuales son claves en nuestra vida: los seres humanos sentimos y pensamos; ambas son naturales.

Trataré de explicarlo más simple con este mensaje de Twitter:

En esa película animada, «Tristeza», que es una muñequita azul parece ser «la nube negra» de la película. Nadie la entiende, nadie la comprende, hasta que, luego de vivir en una completa fantasía de emociones incompletas, el personaje central de la película cae en una tristeza profunda, o mejor dicho: necesaria.

Esa tristeza hace que todas las personas que la quieren, que se preocupan por ella, se acerquen para mostrarle su apoyo, para ayudarla. Esa es la importancia de la tristeza: nos reúne con aquellos a quienes les importamos y nos importan.

La creencia en Dios cumple una función similar y lo explico aquí:

Creer en Dios no es necesariamente tener una religión, pues muchos creemos en Dios sin la necesidad de seguir los lineamientos de una institución. Pero ese hábito de reunirse periódicamente, todos juntos, para compartir lo que llaman «la palabra de Dios» en una comunión en la que todos comparten buena parte de los valores, es precisamente lo que crea eso que llamamos «comunidad».

Otra vez, los randianos, los objetivistas y los liberales/libertarios aprendemos a despreciar la palabra «comunidad», porque creemos que es lo mismo que «colectivismo» y que formar parte de una comunidad es «subordinarnos a los caprichos de una tribu, de un colectivo».

Chamos, les digo sin que me quede nada por dentro: ¡Qué interpretación tan absurda del individualismo es esa!

No se trata de «si existe o no», se trata de «si crees o no». Sí, creer no es lo mismo que saber, porque «creer» normalmente viene de nuestro lado emocional del cerebro, mientras que «saber» forma parte del lado racional.

Pero, ¿No son son -acaso- ambas cosas propias de la naturaleza humana? Sí, lo son.

Hay situaciones en nuestras vidas donde las razones tienen más peso que los sentimientos, y hay otras en las que los sentimientos tienen más peso que las razones. En esos momentos donde los sentimientos predominan, no hay razón que valga, pero ¿Creer en Dios? ¿Tener una fe? Eso hace la diferencia entre salir a flote o hundirse; lo he visto hasta cuando me llamaba a mi mismo «ateo», por eso dejé de serlo.

Para terminar, otra palabra que odiamos «los racionales»: Balance. ¿Qué pasaría en la tierra si hubiese más oxígeno del que necesitamos para vivir? Arderíamos en llamas. ¿Qué pasaría si hubiese menos? Moriríamos asfixiados.

Aprendan ese principio de la naturaleza que nos puede servir perfectamente para nuestra filosofía de vida: balance.

¿Te gustó este artículo? ¡Compartelo!

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on google
Google+