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Por qué la izquierda ataca la identidad, costumbres y tradiciones

Por qué la izquierda ataca la identidad, costumbres y tradiciones

Jose Miguel

Jose Miguel

Antes de conquistar el poder, debemos conquistar los medios, por eso fundé esta revista y no un movimiento estudiantil. Estas son mis cuentas de Twitter @JoseMiguel_PG y @JP7___
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Es fácil para todo el mundo, reconocer a una persona de su propio país, de su propia región y hasta de su propia religión, con solo un pase de mirada.


 

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Tiempo estimado de lectura: 6 minutos

 

Hay cosas que nos definen: la forma de hablar, de vestir, lo que decimos y el cómo lo decimos, las cosas que comemos, lo que consideramos importante, en fin, la cantidad de patrones es amplia cuando se trata de la identidad.

Personalmente considero que es imposible hablar de «comunidad», si no hay cosas en común, si no hay cosas que nos unen los unos a los otros en torno a costumbres, tradiciones; a esas cosas que forjan la identidad.

En Twitter escribí:

Como a todas las cosas buenas de la vida, la izquierda -y cualquier otra corriente tiránica y perversa- le pone el ojo a estas cosas que nos unen, se ingenian un plan macabro para destruirlas y así quebrar la identidad del grupo en su conjunto.

La forma más fácil de conquistar a una tribu, una comunidad, a un ejército o a un país entero es: dividiéndolo. Es muy difícil pelear contra un grupo de personas que permanecen unidas, que se apoyan entre sí, porque uno querrá proteger al otro; por eso, el famoso «divide y vencerás» es clave para las ideologías anti-libertad.

En varias oportunidades he mencionado esto:

Me gusta usar el ejemplo de «Estados Unidos y la bandera» porque hay muchos malentendidos en torno a su supuesto «nacionalismo» y su verdadero patriotismo.

Los símbolos, sean patrios o de cualquier otra índole, sirven como gatillos que en un instante nos recuerdan cosas. Esas cosas pueden ser buenas o malas, como por ejemplo el símbolo de la hoz y el martillo, que inmediatamente nos recuerda la tragedia que es el comunismo, o la estatua de la libertad, que nos recuerda que una nación se construyó recibiendo a personas de todo el mundo en busca de libertad.

Así como los símbolos, las tradiciones y costumbres juegan un rol clave en mantener a una comunidad unida. Piensen en este ejemplo:

Pregúntenle a un venezolano hoy día si sus navidades son iguales que antes, mejores o peores. La izquierda en Venezuela le dio con todo a esta tradición, en su plan perverso por dividir a los ciudadanos y eso comienza por la división de la familia.

Millones de venezolanos hoy día, pasan sus navidades en la distancia de sus seres queridos, conectados solamente -en el mejor de los casos- por la pantalla de un dispositivo, pero el sentimiento y la integración de la comunidad no es igual sin el lazo social natural: la presencia.

¿Qué hará la izquierda si quiere dividir a EE.UU.? Irá contra su identidad, cosa que ya hacen al asociar la bandera de EE.UU. con «explotación capitalista». Irá contra la familia, cosa que ya hacen al adoctrinar a los hijos de los estadounidenses a través de los medios y redes sociales.

Por último: irá contra su tradición más preciada: el día de acción de gracias; buscando la manera de que ya no tenga la misma relevancia en la vida de las nuevas generaciones.

Veamos más tradiciones en conjunto:

Ni Argentina, ni Venezuela, ni EE.UU., ni Cuba, son las mismas comunidades integradas, si las comparamos con años o décadas anteriores.

La izquierda ha ido mermando, lastimando y quebrando su identidad, tradiciones y costumbres, para dividir a la población y hacerla más fácil de conquistar y dominar.

Dicho claro y en pocas palabras:

Ese es el rol de lo símbolos, las costumbres y las tradiciones: nos hacen recordar lo que nos importa y tener cosas en común con otros.

Todos estos patrones nos permiten reconocernos los unos a los otros, con tan solo un pase de mirada. Al tener cosas en común, se genera un sentido de pertenencia muy poderoso, humano y natural, que no necesariamente debe ser confundido con la creencia de que si «pertenezco a algo, entonces ese algo me posee».

No, formar parte de una comunidad y querer trabajar en equipo no es subordinarse, ni entregarse a «la voluntad del colectivo», mucho menos es «aceptar ser sacrificados por un bien común». Cuando -además de la identidad, tradiciones y costumbres- hay el ingrediente poderoso de «objetivos en común», la comunidad es prácticamente indestructible.

Formar parte de una comunidad nos ayuda a la división del trabajo, a ser más fuertes, a compartir, vivir en paz, hacer negocios, producir más, tener más, alcanzar los objetivos y vivir mejor.

Cierro con esto:

Hasta la próxima semana.
José Miguel

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