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El derecho de privacidad

¿Es la privacidad un derecho?

Jose Miguel

Jose Miguel

Antes de conquistar el poder, debemos conquistar los medios, por eso fundé esta revista y no un movimiento estudiantil. Coméntame tu opinión en Twitter aquí @JP_7_
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Vida, libertad, propiedad y el derecho a la privacidad.


 

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Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

 

Para quienes tenemos valores y formación libertaria, solo existen tres derechos fundamentales, que no llamamos «humanos», sino individuales: mi vida, mi libertad y mi propiedad.

Cualquier otra cosa, especialmente esos que llaman «derechos humanos», no son más que una serie de beneficios y reclamos por cosas que cada individuo debe ganarse por cuenta propia. Nadie tiene que pagarnos la casa, la escuela, la clínica, ni ninguna otra cosa que necesitemos; esa es nuestra responsabilidad.

Pero cuando se trata de lo que es nuestro por naturaleza o -como dice la Declaración de Independencia de Estados Unidos- «dotado por nuestro creador», solo la vida, la libertad y la propiedad son nuestros verdaderos derechos.

En Twitter escribí:

Los gobiernos y la institución más perversa de todas -el Estado- disfruta de poder absoluto para pasar por encima, no solo de nuestros derechos fundamentales, sino también de nuestra privacidad.

Hemos llegado al absurdo de creer que «el Estado tiene el derecho de poder acceder a nuestra información personal con propósitos de seguridad nacional» y que si alguien no quiere mostrar o compartir su privacidad, es porque «algo malo esconde».

¿Dónde comienza este mal hábito de creer que la información personal puede ser usada como arma de fuego, campaña política o simplemente como herramienta mediática para ganarle al otro?

Los políticos hacen uso y abuso de esta debilidad en el sistema, para ganar elecciones y posiciones en cargos públicos.

Escribí esto para la reflexión:

Somos nosotros mismos quienes les hemos dado luz verde para que nuestra privacidad sea usada en nuestra contra.

Le hemos otorgado a los gobiernos, a los bancos, a los medios de comunicación, a las compañías de telecomunicaciones y -más recientemente- a las redes sociales, el «derecho» al uso, goce y disfrute de nuestra información personal.

Hemos renunciado a nuestra privacidad.

Mantener fuera del alcance de otros tu información personal, cuánto ganas, cuánto posees, en dónde vives, con quién te comunicas, porqué y a qué hora -entre otras muchas- forma parte de tu derecho de propiedad.

Tu privacidad no tiene porqué ser «información de dominio público», y si la figura del Estado y el gobierno fueron conceptualizados para proteger nuestros derechos fundamentales, entonces nos hace estúpidos el otorgarles el permiso para que puedan violarlos quienes -se supone- deberían protegerlos.

Puedes decidir voluntariamente otorgar el derecho a tu información personal y ceder tu privacidad a quien tu quieras, pero no esperes que otros tengan o deban ser obligados a hacerlo porque tu lo hiciste, o porque tu estás de acuerdo.

No tenemos la obligación de ceder nuestros derechos a nadie, a ninguna institución por muy «legítima» que parezca o se haga pasar, y mucho menos si esa legitimidad viene otorgada por ese chantaje de las mayorías: «como somos más los que estamos de acuerdo, entonces los que no lo están deben ser obligados».

Para terminar, ¿Qué pasa con las personas que aspiran o que ocupan cargos públicos? ¿Deben perder estas su privacidad? Tampoco, pero el sistema judicial debe usar todo su poder para supervisarlos y la razón es simple:

Hasta la próxima semana.
José Miguel

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