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El metaverso y el concepto de propiedad

El Metaverso y el concepto de propiedad

Jose Miguel

Jose Miguel

Antes de conquistar el poder, debemos conquistar los medios, por eso fundé esta revista y no un movimiento estudiantil. Coméntame tu opinión en Twitter aquí @JP_7_
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Desde que el CEO de Facebook anunció que la compañía ya no se llamará «Facebook» sino que ahora se llama «Meta», no se ha dejado de hablar sobre el mundo virtual, o mejor dicho: el Metaverso.


 

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Tiempo estimado de lectura: 6 minutos

 

La idea es genial en muchos sentidos, pero también es aterradora. Según la presentación de Mark Zuckerberg, en un futuro no muy lejano «solo necesitarás» un avatar digital para «ser, estar, vivir y hacer lo que quieras hacer» sin necesidad de hacerlo en el mundo real y con tan solo unos lentes de realidad virtual y tu conexión a la red, ¿O la matrix?

Quiero comenzar con esto que dije en Twitter:

El Metaverso parece abrir un mundo de posibilidades, entre ellas el hecho de poder «viajar» a lugares que no puedes visitar en el mundo real, «estar en compañía» de las personas a las que tienes en la distancia, trabajar desde casa, disfrutar desde casa, incluso «tener intimidad» desde casa.

¿Desde casa? Bueno, la idea del Metaverso parece querer hacernos repensar el concepto de propiedad, pues según muchos de los que lo promueven, ya no necesitarás esas «costosas propiedades que llamamos «casa», porque «la tendrás» en el Metaverso».

La tecnología parece liberarnos al mismo tiempo que nos encierra. Sí, es el cómo usamos las cosas lo que determina el resultado de nuestras acciones, lo mismo pasa con las armas o las drogas, no son malas por sí mismo, sino por lo que hacemos con ellas.

Pasa algo muy similar con la tecnología. ¿La queremos para ser y estar mejor o para ser y estar peor? Personalmente creo que siempre debemos evaluar estos temas desde la perspectiva moral, porque a fin de cuentas los seres humanos queremos nuestro bienestar, no nuestra desgracia.

El escenario y las circunstancias pueden determinar el uso de las cosas. Es el caso del ejemplo que acabo de mencionar sobre vivir en una dictadura y querer huir de ella.

Los que hemos vivido en sistemas dictatoriales, tiránicos y socialistas, sabemos lo difícil que es proteger la propiedad cuando el poder de todo un Estado es usado contra nosotros para despojarnos de ella y devorarnos.

Es en situaciones como estas donde la propiedad digital cobra sentido, pues en 2015 cuando yo dejé Venezuela, hubiese preferido hacerlo teniendo mi dinero en una cartera digital de Bitcoin que en dólares americanos en efectivo que intentaron robarme los militares venezolanos en el aeropuerto de Valencia.

Pero ¿Qué hay de la vida misma? ¿Podemos cambiar todo al mundo virtual? En Twitter pregunté esto:

Puede sonar exagerado, pero me cuesta encontrar una diferencia entre vivir en una fantasía virtual y vivir drogado.

Repito: no puedo negar que la idea del Metaverso puede incrementar la productividad a niveles nunca antes vistos, puedes mejorarnos muchas experiencias que hoy día son aburridas, tediosas o arcaicas, como la educación, la historia y el trabajo en oficina, pero me cuesta verlo como un sustituto del mundo real y más aún como una «evolución» de la propiedad privada.

Algunos se atreven a decir que «ya no necesitaremos casa, ni carro, ni nada que hoy día es «caro», porque lo tendremos en el Metaverso». Yo no comparto esa visión; me parece una renuncia a los derechos individuales.

No me van a decir que «tener una casa» en el Metaverso será igual que tenerla en el mundo real, eso no. No me van a decir que «abrazar a un avatar» en el Metaverso, será igual que abrazar a ese ser querido en el mundo real, eso no.

Hay cosas que mejora, otras que no y es ahí donde tenemos que revisarlo desde la perspectiva moral, filosófica, es que no concibo ni siquiera la idea de «viajar» a París en el Metaverso, o «ir» a la playa, solo porque en la vida real no puedo.

El mundo virtual podrá reproducir al mundo real en una versión irreal, pero jamás va a igualar la experiencia de ser y estar.

Cierro con esto:

Hasta la próxima semana
José Miguel

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